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27 diciembre, 2022

Artigas y López

Por Gustavo Battistoni

Uno de los puntos más discutidos de la vida política de Estanislao López fue su actitud al firmar con la naciente provincia de Buenos Aires y Entre Ríos, el Tratado del Pilar. Desde aquella fecha hasta hoy, han corrido ríos de tinta para justificar o vilipendiar una acción que causó el rechazo y la ira de José Gervasio Artigas por un hecho que el “Protector de los Pueblos Libres” interpretó como una traición. Por razones de espacio, dejaremos de lado, sin profundizar demasiado, a Francisco “Pancho” Ramírez y su conducta, lo que nos llevaría a otros problemas y trataremos en un trabajo de mayor aliento.

José Gervasio Artigas fue la expresión más consecuente y democrática de la Revolución de Mayo. Su lucha y estoicismo lo ponen a la altura de José de San Martín y Manuel Belgrano en el panteón de los grandes hombres de la patria. El confinamiento que el mitrismo ha hecho de su figura al amputarlo de la historia grande de Sudamérica, es una de las monstruosidades históricas más grandes que se hayan realizado. Su amor por la tierra americana, su lucha por la libertad religiosa y civil, su reglamento de tierras de septiembre de 1815, entre tantas otras cosas, lo ponen como el numen de los mejores valores de la historia continental. Fue fundamental, además, su brega en el logro de la autonomía de Santa Fe en 1815.

Sobre Estanislao López, sólo recordaremos lo que opinaba su contemporáneo Domingo Crespo: “Al empezar la existencia política de este hombre célebre en la Revolución de América, de este héroe feliz hasta el fin de su carrera, de este hombre en fin grande por naturaleza, no puedo dar por lo menos una ligera idea de sus principios, para que se conozca, que el tipo y el acierto no está ligado al saber, sino que es sin duda un don de la providencia con que manifiesta más su poder -don Estanislao López tuvo su origen en una familia humilde y bastante pobre, no tuvo más educación que las primeras letras y como a la edad de 15 años salió de la escuela y se retiró a las fronteras del Norte en clase de soldado, muy joven se le hizo Cadete y en esta clase estuvo hasta la edad de 24 años que tenía el año 10, cuando se efectuó nuestra Revolución Americana, fue subiendo tan lentamente en sus grados que vino a ser Alférez de una compañía de provincia en Julio del año 18”.

Afirmábamos que Artigas fue esencial para lograr la autonomía santafesina. Sin embargo, por la presión que ejercía el Imperio portugués en la Banda Oriental, poco pudo hacer para ayudar a nuestra provincia durante las invasiones porteñas. Lo admite en un oficio dirigido al gobierno de Corrientes: “Nada ha podido adelantar Buenos Aires contra el infeliz pueblo de Santa Fe, aún apurándolo en los momentos más críticos en que no hemos podido socorrerlo”. Sin embargo, y a pesar de que los hermanos de la Banda Oriental no podían ayudarnos en nuestra lucha federal, seguíamos reconociendo al Protector de los Pueblos Libres, sin abdicar de nuestra soberanía particular, base de la Federación.

El Armisticio de San Lorenzo, de abril de 1819, marcará una diferencia entre López y Artigas. El gobernador santafesino, al interceptar la correspondencia de San Martín al Directorio, supo que el Libertador estaba muy preocupado por la situación en el Litoral, y que esto podía impedir la continuación de la Gesta Americana. Con buen tino, López buscó un acuerdo coyuntural con el Directorio, que permitió que el Libertador de América se pudiera concentrar en la lucha emancipadora. Creemos, además que le hubiese permitido al Caudillo Oriental, descomprimir el frente con Buenos Aires, para reorganizar sus fuerzas contra el invasor portugués que lo estaba aplastando. A nuestro entender, la historia ha demostrado la justeza del análisis de la coyuntura de los políticos santafesinos.

La Batalla de Cepeda marcó otra diferencia entre López y Artigas. Artigas, cuyas tropas habían sido diezmadas en Tacuarembó, deseaba que los porteños le declararan la guerra al Imperio portugués. Francisco Ramírez era la mano derecha de Artigas, y afirmaba al firmar el Tratado del Pilar, que el Caudillo Oriental conocía el contenido del tratado, lo que no era cierto, y provocó su ira. Estanislao López estampó su firma, invitando antes de esto al Protector de los Pueblos Libres a sumarse al acuerdo.

Creemos, sin temor a equivocarnos, que el Pacto del Pilar fue para el Litoral, lo que el tratado de Brest Litovsk para los Bolcheviques. Permitió ganar tiempo ante un Imperio como el portugués que desde el Tratado de Tordesillas quería apoderarse de nuestro Litoral. Se subestima, en el análisis histórico, el papel que tuvo la llegada de la Casa de Braganza en 1808, a Río de Janeiro, con el protectorado de Gran Bretaña. Esta monarquía, que recaló en nuestro continente con 10.000 lusitanos, tenía una gran experiencia política y diplomática. Contaba, también, con muchos veteranos de las guerras napoleónicas, incluido el General Lecor, quienes ocuparon la Banda Oriental a sangre y fuego.

Estanislao López, tenía plena conciencia que intentar un enfrentamiento directo con el Imperio portugués, en ese momento, era un error que se podía pagar caro. San Martín ya había declarado que no iba a volver a pelear y el Ejército del Norte, sublevado en Arequito, era un fantasma. El poderío militar de Buenos Aires estaba dividido, con el General Soler yendo al interior de la Provincia para dar un contragolpe contra los vencedores de Cepeda. En esa situación era imposible una victoria contra los portugueses, y se debía tomar un tiempo para reorganizarse contra tan poderoso enemigo.

Con su agudeza habitual, ganó tiempo, firmando posteriormente un Tratado entre el Gobierno de Santa Fe y el Cabildo de Montevideo para rechazar al nuevo imperio del Brasil, el 13 de marzo de 1823. Santa Fe siempre luchó contra el poder lusitano-brasilero, como deseaba Artigas, y si la liberación no se pudo realizar, fue por el rechazo de Rivadavia y de los porteños a apoyar la causa libertadora.

Ante el conflicto entre Ramírez y Artigas, el caudillo santafesino manifestó una prudente distancia, por el simple hecho de que Artigas, violando la “soberanía particular de los pueblos”, atacó al ejército de observación de Entre Ríos comandado por Gervasio Correa en el Arroyo Grande, aniquilándolo. No podía convalidar, más allá del aprecio que tenía por el Gran Oriental, semejante atropello a una hermana y soberana provincia.

En un importante libro, titulado “San Martín y Artigas”, el historiador Daniel Hammerly Dupuy, afirma con agudeza:” No era necesario que Artigas buscara el exilio. Como protector de los pueblos libres tenía amigos en todas las provincias federales, que, excluyendo las de la Mesopotamia, ocupada por Ramírez, significaban en primer término las de Santa Fe y Córdoba. El gobernador López no apoyó a Ramírez en su rebelión en contra de Artigas, a quien había escrito: ‘Su persona y su escolta serán muy bien recibidos en toda la provincia de Santa Fe’. El capitán Andrés Latorre, quien acompañó a Artigas hasta que este cruzó el Río Alto Paraná para entrar en el Paraguay, no solamente recibió las confidencias de su jefe sino que lo esperó en la provincia de Santa Fe, donde disfrutaba del aprecio del gobernador”.

Y reproduce a continuación, una carta de Andrés Latorre a su esposa, desde Santa Fe, el 26 de febrero de 1823: ”Por aquí estoy bien, respetado desde mi entrada a este pueblo por el General López que me ha dado salvoconducto para entrar así que al General Artigas lo dejé en las tunas de la Candelaria”. “Te supondrás que los contrastes que hemos sufrido fue porque los portugueses nos atacaron por todos lados con veinte mil hombres sin darnos descanso, teniendo todavía falta de protección de los porteños que nos engañaron hasta vernos arruinados”. “El General Artigas pudo entrar a Santa Fe respetado por el General López pero quedó cruzado y entró al Paraguay por confianza en el gobierno que al pasar los sucesos lo liberará, no es prisionero de guerra”.

Esta importante y definitiva misiva está escrita por quien fue la mano derecha y quien acompañó a José Gervasio Artigas desde la Batalla de Las Piedras hasta su exilio paraguayo. Luchó con su jefe contra Pancho Ramírez para luego buscar protección en la provincia de Santa Fe. Gozó del aprecio de Estanislao López poniendo de manifiesto la simpatía de nuestro gobernador hacia el Gran Oriental, con el que compartía los principios del federalismo del Litoral que defendió hasta su muerte.

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