Novedades

22 septiembre, 2021

Los mitos de la Batalla de Las Piedras

Por Lic. Alberto Umpiérrez

Habiendo realizado una breve investigación, a instancias del amigo Tabaré Hackembruch, buscando dónde aparece documentada la famosa frase de José Artigas “Clemencia para los vencidos”, paso a dar cuenta de los resultados.

1) Archivo Artigas

La búsqueda en el Archivo Artigas fue infructuosa respecto a la frase de referencia, aunque sí aparece un texto que refleja el espíritu de la misma, que pertenece al segundo Parte de Batalla que Artigas remite a la Junta Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata, fechado en el Campamento del Cerrito de Montevideo, el 30 de mayo de 1811, en el cual expresa lo siguiente:

La tropa enardecida hubiera pronto descargado su furor sobre las vidas de todos ellos, para vengar la inocente sangre de nuestros hermanos, acabada de verter para sostener la tiranía; pero ellos al fin participando de la generosidad que distingue a la gente americana, cedieron a los impulsos de nuestros oficiales empeñados en salvar a los rendidos.” (Archivo Artigas, Tomo Cuarto, pág. 400, Montevideo, 1953)

En este documento también se establecen las cifras definitivas de muertos y heridos por ambas partes, resultando del lado patriota 11 muertos y 28 heridos, incluyendo a 7 hombres del Regimiento de Patricios que fueron muertos por una sola bala de cañón disparada desde la línea española al inicio de la batalla.

Pero del lado realista se dan cuenta de 97 muertos y 61 heridos, una cifra que contrasta notoriamente, sobre todo considerando que los muertos casi duplican a los heridos, y que los patriotas prácticamente no tenían artillería significativa.

Este contraste parece indicar que “la generosidad” y la clemencia seguramente llegaron después de que “la tropa enardecida” ya había “descargado su furor” sobre buena parte de los rendidos.

Resulta muy esclarecedor en este sentido el Parte de Batalla del propio capitán José Posadas, quien pinta un panorama por demás caótico de la batalla desde el lado español. Este documento data del 3 de octubre, cuando Posadas retorna a Montevideo junto con otros 14 oficiales. Cito el fragmento que corresponde a la fase final del combate:

“… en vano les persuadía de que iban a ser víctimas, pues era tal el terror, que tiraban sus fusiles y se metían en una Cañada para libertarse de las balas, pero unos cuantos soldados esforzados se reunieron y pudieron retirar un cañón y los dos obuses con los que todavía se les hizo fuego, pero cargaron en gran número sobre nosotros y la mayor parte han sido sacrificados al furor de los insurgentes; considerando ya no había remedio alguno ni recurso de defensa pues estábamos por todas partes rodeados se mandó poner bandera parlamentaria por algunos oficiales que les habían dicho que yo era muerto, y no es de extrañar, pues cuando avanzó el enemigo me mataron el caballo de cuyas resultas di un fuerte golpe sacándome el segundo Condestable José Pardo, que se hallaba herido, debajo de él sin recibir daño alguno, pero a muy poco tiempo me hirieron los enemigos dándome un sablazo en el sombrero de cuyas resultas se me cayó en el suelo, me dieron otro de bastante consideración en la cara que me dividió el carrillo izquierdo en dos partes, y el tercero en la cabeza, y milagrosamente no fui muerto en aquel acto, pues me tiraron un balazo casi a boca de jarro sin tocarme, y me iban a asegundar otro pero un oficial que llegó en aquel acto me libertó la vida, enseguida caímos prisioneros todos los oficiales y la tropa que había quedado…” (Archivo Artigas, Tomo Cuarto, pág. 410-411, Montevideo, 1953).

Este relato parece refutar la pacífica escena pintada por Juan Manuel Blanes en 1895, bajo el título “La Batalla de Las Piedras”, en la cual aparece el Presbítero Valentín Gómez caminando hacia el Capitán José Posadas para recibir el sable del vencido, bajo la mirada de José Artigas montado a caballo. Hecho que, además, tampoco tiene ningún respaldo documental publicado en el Archivo Artigas.

2) Los primeros historiadores

Ante la falta de constatación documental de la frase de referencia, busco en los textos de Historia Nacional más antiguos, como es el caso, por ejemplo, de la “Historia de la Dominación Española en el Uruguay” de Francisco Bauzá, calificada como una de las mejores y más completas por el Prof. Juan Pivel Devoto, publicado entre 1880 y 1882. La Batalla de Las Piedras se describe con gran detalle entre las páginas 157 y 161 del texto (Colección de Clásicos Uruguayos, Volúmen 99, Tomo V, Montevideo, 1967), pero en ningún momento se menciona la frase buscada y tampoco se refiere nada parecido a la escena pintada por Juan Manuel Blanes poco más de 10 años después.

3) Los poetas

Buscando ahora en el libro de Daniel Hammerly Dupuy “Artigas en la Poesía de América” (Editorial Noel, Buenos Aires, Noviembre de 1951), finalmente logro encontrar la frase, que luce, aparentemente por primera vez, escrita en un poema de Joaquín Lenzina (el “negro” Ansina), titulado “Los gestos del héroe” (pág. 111-112):

“Por sus frutos se conoce al guayabo…

Al puma y al yaguareté, por su instinto,

Y por sus plumas al papagayo;

Pero cada hombre, es distinto…

“Hay entre hombre y hombre, diferencias

Más notables que el color de la piel.

Aunque Dios ha dado las conciencias,

Los hombres se hacen de miel o de hiel

“De los humanos que he conocido,

Admiro a Artigas como al mejor,

Porque en los años que he vivido,

Aprendí a seguirlo con fervor.

“En ello no tengo el menor engaño,

Porque he sido como su sombra,

Desde que lo conocí hace años,

En tiempo que ya ni se nombra…

“No puedo olvidar el día cuando lo vi.

Me habían reducido a la esclavitud,

Y en la última desgracia viví,

Hasta que conocí a este hombre de virtud.

“Mirándome con sus ojos celestes,

Con un gesto de gran humanidad,

“Pagaré –dijo- lo que me cuestes”

¡Y me dio la libertad!

“Cuando fue el blandengue restaurador

Mostró su voluntad por la rectitud,

Protegiendo a los paisanos con amor,

Y enseñando a los bandoleros la virtud.

“Sus grandes cualidades son muchas.

Dotado de voluntad y paciencia,

Participó heroico en las luchas.

Los ingleses vieron su experiencia.

“Fue en la batalla de Las Piedras,

Donde obtuvo la gran victoria.

Inmensa habría sido la tragedia,

Si Artigas sólo pensara en la gloria…

“Mientras haya Oriente y Occidente,

Mientras los pájaros hagan nidos,

Se recordará su orden imponente:

“¡Clemencia para los vencidos!”.

No hay ningún otro de los poemas publicados en este libro de 1951 que mencione la frase completa. Este es el único. Aunque otros versos de sus contemporáneos Bartolomé Hidalgo y Eusebio Valdenegro, y otros autores posteriores mencionan que fue “clemente” o “piadoso”, sin referirlo a una frase concreta.

Ni siquiera Juan Zorrilla de San Martín, quizá el mayor apologista de José Artigas en su “Epopeya de Artigas” de 1910, menciona la famosa frase que se imputa al prócer.

Dice Zorrilla en esta obra al respecto de la Batalla de Las Piedras:

¿Queréis, sin embargo, verlo un instante en el campo de batalla, una vez por todas siquiera, aquí en Las Piedras? Miradlo en el momento en que, ya entrada la tarde, Posadas, el jefe enemigo, que ve a su alrededor 97 de sus soldados muertos y 61 heridos ; que se encuentra envuelto por todas partes por los patriotas triunfantes, y se siente desmoralizado, hace levantar bandera de parlamento. Tan estrechado estaba, que es Artigas personalmente quien, envainando su espada, le intima á voces que se rinda a discreción, prometiéndole su vida y la de todos. Así lo hizo el bizarro jefe español. Pero Artigas no recogió personalmente la buena espada de aquel hombre de bien, leal a su patria y a su rey. Como tributo de hidalgo respeto, envió a un sacerdote, al capellán don Valentín Gómez, a recoger como objeto sacro aquella espada.

Posadas se entregó a discreción, con 22 oficiales y 342 individuos de tropa. Del resto de su ejército, una parte quedaba postrada en el campo; la otra se dispersó. Las pérdidas de los patriotas fueron 11 muertos y 23 heridos. En poder de Artigas quedan 462 prisioneros, con sus jefes y oficiales, y cinco piezas de artillería, armas, municiones y bagajes.

Para juzgar de esas cifras, mis queridos artistas, es necesario que las consideréis con relación al teatro de la acción. Son muy grandes. La batalla de San Lorenzo, primera resonante victoria de San Martín, el gran capitán americano, se libró entre 200 ó 300 hombres por ambas partes. Y es un fasto glorioso de la revolución de América.

Notemos un rasgo final en este combate, que consuela las congojas provocadas en el espíritu por la ejecución de Liniers y la de los vencidos en Suipacha: ni una gota de sangre manchó las manos del vencedor de Las Piedras. Artigas personalmente defendió a los fugitivos, e hizo de ello siempre un título de honor; lo consigna expresamente en el parte de la victoria. Después de la batalla, se verificó el canje de los prisioneros, el primero realizado en América, de acuerdo con las leyes de la humanidad, y de la guerra. La humanidad, mis queridos artistas, fue el rasgo característico de ese hombre de bien. Nadie lo superó en esa virtud; muy pocos lo alcanzaron. En esta acción de guerra, como en todas, sin una sola excepción, el héroe oriental pudo incluir su victoria entre sus buenas acciones.” (Conferencia IX, “Las Piedras y el Éxodo del Pueblo Oriental”)

Nótese que el autor se refiere al episodio retratado por Juan Manuel Blanes unos años antes, que seguramente fue y sigue siendo la imagen más icónica sobre la Batalla de Las Piedras, pero no menciona la famosa frase.

4) Conclusión

Considerando los elementos reseñados, podemos concluir que la Batalla de Las Piedras, seguramente por su carácter de hito fundacional de la Orientalidad y de la Independencia Americana, fue objeto de una elaboración “mitológica” posterior, de una mitología gráfica (Blanes) y de una mitología poética (Ansina).

Que haya habido una elaboración mitológica posterior, vinculada a la apología de Artigas en el marco de la construcción de la identidad Oriental, no significa la frase “Clemencia para los vencidos” no haya existido o que no fuera Valentín Gómez quien recibió el sable del capitán Posadas, eso seguramente nunca lo sabremos con certeza.

Las pruebas documentales inducen a pensar que la batalla fue bastante más caótica que como la pintó Blanes, que no hubo una sola rendición, sino varias, y que seguramente también hubo excesos, en particular sobre los soldados españoles que huían aterrorizados y desarmados rumbo a la Cañada que hace referencia Posadas en su Parte de Batalla.

La orden de “Clemencia” seguramente evitó una masacre mucho mayor de los vencidos.

Publicaciones
About Lucila Boero
One Comment
  1. Hoy. 18 de mayo, recordamos en palabras de quien sería nombrado Jefe de los Orientales: “LA MEMORABLE VICTORIA DEL 18 DE MAYO EN LOS CAMPOS DE LAS PIEDRAS, DONDE MIL PATRIOTAS ARMADOS EN SU MAYOR PARTE DE CUCHILLOS ENASTADOS VIERON A SUS PIES NOVECIENTOS SESENTA SOLDADOS DE LAS MEJORES TROPAS DE MONTEVIDEO, PERFECTAMENTE BIEN ARMADOS”. Carta a la Junta del Paraguay, 7/12/1811, José Artigas
    Más allá del efecto militar y político estratégico que tuvo esta gran victoria en aquel momento para la independencia de toda América del Sur, hay que hacer notar otros motivos por los cuales es importante recordarla:
    -Fue la confirmación de que había nacido a la vida pública un genial y ejemplar conductor de pueblos, y la constatación también del estado de ánimo y la fuerza moral que impulsaba a los orientales.
    -Fue el estreno glorioso de un “ejército nuevo, cuya sola divisa era la libertad”, formado por unos pocos cientos de soldados veteranos, y una inmensa mayoría de paisanos voluntarios venidos de todas partes de la Banda Oriental.
    -Fue la primera prueba de la grandeza de alma que inspiraba a José Artigas, al perdonar la vida de los oficiales y soldados vencidos en el campo de batalla.
    Fue el propio José Artigas -devenido en principal testigo y cronista privilegiado de aquellos hechos-, quien empezó a narrar lo que ocurrió ese día, en lo que él llamó “la historia de nuestra revolución”, en carta enviada a la Junta del Paraguay, el 7/12/1811.
    En esa carta destacó “la elevación de sentimientos poco comunes que se necesitan para tamañas empresas” (la Revolución: no sólo política, social y económica, sino también filosófica y por lo tanto moral, revolución en los valores), y confirmó que los orientales “corrían de todas partes a honrarse con el bello título de soldados de la patria, organizándose militarmente en los mismos puntos en que se hallaban cercados de enemigos, en términos que en muy poco tiempo se vio un ejército nuevo, cuya sola divisa era la libertad”.
    Pero sobre todo, lo que todavía maravilla más de aquellos hechos, mirados en perspectiva histórica y contrastándolos con los comportamientos de otros personajes de aquella época –y de la nuestra-, es el trato dispensado a los derrotados, a los vencidos, que quedaron como prisioneros de guerra.
    Mucho se trató de negar y/o tergiversar su magnanimidad, su generosidad, su honor, por parte de sus enemigos de entonces, y de los mezquinos actuales.
    Dicen ahora ciertos “historiadores” que Artigas nunca pronunció la orden de respetar la vida de los vencidos…
    Pero los hechos son los hechos, y están registrados en los Partes de Batalla firmados por Artigas, y verificados por el Parte de Batalla firmado por el jefe derrotado, el Capitán José Posadas.
    En el 1er. Parte de guerra, firmado por Artigas al día siguiente de la Batalla, él afirmó: “con la energía que disputaba la acción nuestra tropa, se intimidaron los enemigos, y pusieron bandera de parlamento a que YO MISMO EN PERSONA CONTESTÉ SE RINDIERAN A DISCRECIÓN, LIBRANDO VIDAS DE TODOS, con lo que se rindieron, y quedó para nosotros la victoria, y todo el campo de batalla”, 1er Parte de Batalla, 19/5/1811, José Artigas (Tomo IV, pg. 393, Archivo Artigas).
    Esto está confirmado por el jefe vencido, quien en su propio Parte de Batalla reconoce: “el Comandante de ellos, ofreció después de arbolada la bandera parlamentaria respetar nuestras vidas y personas”. Copia del Parte de Batalla del Capitán José Posada, 8/10/1811, (Tomo IV, pg. 411, Archivo Artigas).
    Ahora bien, ¿fue fácil el acatamiento de esta orden?
    No, para nada. El propio Artigas nos informó que: “la tropa enardecida hubiera pronto descargado su furor sobre la vida de todos ellos… pero, al fin, participando de la generosidad que distingue a la gente americana, cedieron a los impulsos de nuestros oficiales empeñados en salvar a los rendidos”. 2do Parte de Batalla, 30/5/1811, José Artigas (Tomo IV, pg. 400, Archivo Artigas).
    Y otra vez, en el Parte del jefe militar vencido, encontramos la confirmación de que lo dicho por Artigas era cierto: “un oficial que llegó en aquel momento me salvó la vida”… “muchos oficiales desnudos, y la mayor parte contusos y apaleados por los insurgentes después de la acción”. Copia del Parte de Batalla del Capitán José Posada, 8/10/1811, (Tomo IV, pg. 411, Archivo Artigas).
    Así que por más que afirmen lo contrario, sí se puede llegar a la verdad histórica recurriendo a los documentos; y esa verdad eleva aún más a Artigas, al mismo tiempo que hunde a sus detractores, y a quienes tienen un comportamiento ético opuesto al del Prócer.
    Si será importante investigar, recordar y reflexionar, para defender con eficacia el Ideario de José Artigas, y aprovecharlo en nuestro tiempo.
    Conmemoremos entonces como se merecen, hoy, los hechos y valores de la gran Batalla de Las Piedras.
    Y tomemos ejemplo.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.