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30 mayo, 2021

Santa Fe y la Independencia

Gustavo Battistoni

Santa Fe es cuna de la libertad. Cuando era niño y debía realizar la tarea para la escuela sobre el ínclito 9 de Julio, me preguntaba por qué no estaba mi querida provincia entre los firmantes del Acta de 1816.

Estaba desconcertado por ese hecho y fue muchos años después, leyendo por mi cuenta, que me enteré que los santafesinos habíamos declarado la independencia junto a los pueblos del Litoral, bajo la influencia de José Gervasio Artigas, el 29 de junio de 1815, un año antes de la declaración de Tucumán.
Allí comenzaron las preguntas sobre lo que Raúl Scalabrini Ortiz, denominaba “la sabia organización de la ignorancia”, que había ocultado el magno hecho acaecido en el “Arroyo de la China”.

La respuesta fue, como siempre, la misma: la historia la escriben los que ganan y el proyecto artiguista sucumbió por la política traicionera y suicida de Buenos Aires y la astucia portuguesa. Artigas, el más grande caudillo sudamericano, encarnó el proyecto libertario más importante del siglo diecinueve continental. Y la manifestación más notable de eso fue la declaratoria de la independencia de la Liga de los Pueblos Libres. Grito emancipatorio que nos desligaba de España y de toda dominación extranjera.

Los historiadores de la clase dominante porteña y sus secuaces que han escrito la historia del país con un criterio unitario, fueron implacables con el Caudillo Oriental. Vicente Fidel López ha agotado los epítetos para descalificarlo.

Santa Fe se había levantado con hidalguía contra el centralismo porteño, el 24 de marzo de 1815, adhiriendo inmediatamente al proyecto artiguista. El 29 de abril, el caudillo oriental convoca a un congreso soberano invitando a los porteños y ante su negativa reúne a las provincias de Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos, Misiones, Córdoba y la Banda Oriental. No ha quedado ningún documento original de lo ocurrido en ese momento, pero a partir de fuentes indirectas podemos colegir la declaración de la independencia. Antonio Gramsci ha escrito, con agudeza, que la recuperación de la historia de las clases subalternas es de naturaleza indirecta y oral, puesto que los oprimidos carecen de escribas a su servicio. El doctor Julio Rondina, eminente historiador santafesino, lo explica admirablemente: “Ante el fracaso de las negociaciones con Buenos Aires, Artigas convocó a un Congreso que se llevaría a cabo en el Arroyo de la China (Concepción del Uruguay).

Es cierto que no se conservan las actas originales del congreso, las que se han extraviado, pero se ha podido reconstruir fidedignamente las principales actuaciones a partir de otros instrumentos concordantes.

Se sabe por ejemplo, que el diputado por Santa Fe, Pascual Diez de Andino, arribó con las mismas Instrucciones que en 1813 portaron los diputados de la Banda Oriental ante la Asamblea General Constituyente en la primera de las cuales, se reclamaba: ‘Primeramente pedir la declaración de la independencia absoluta de estas colonias, que ellas están absueltas de toda fidelidad a la Corona de España y Familia de los Borbones y que toda conexión política entre ellas y el Estado de la España, es y debe ser totalmente disuelto’.

Otro de los instrumentos que fue adoptado por este Congreso fue el que Artigas propusiera a los diputados porteños Pico y Rivarola, pocos días antes, en el cual se disponía que “las Provincias de la Liga, y la Liga misma, formarían parte del Estado denominado Provincias Unidas del Río de la Plata… en el pleno goce de su libertad y derechos, pero sujetas desde ahora a la Constitución que organice el Congreso General del Estado, legalmente reunido, tenido por base la libertad”.

Cuando Artigas tomó conocimiento de la declaración de la Independencia en San Miguel de Tucumán, escribió al Director Supremo Rondeau: “A más de un año que la Banda Oriental enarboló su estandarte tricolor y juró su independencia absoluta y respectiva. Lo hará presente al soberano Congreso para su superior conocimiento”.

Los Congresos de Tucumán de 1816 y el de los Pueblos Libres de 1815 tuvieron una lógica muy diferente. El primero era centralista y buscaba un monarca para coronar, con un sector más americanista, representado por San Martín y Manuel Belgrano que intentaba instituir un rey Inca, mientras que el sector más cipayo miraba con simpatía a don Juan VI, rey de Portugal, Brasil y Algaves. El Congreso de los Pueblos Libres, se diferenciaba en que era de raigambre confederal y republicana, y aún hoy tiene plena vigencia en cuanto a sus principios. Los argentinos asumimos como propio el grito de Tucumán, pero es imprescindible conocer toda la historia de nuestra patria, y en particular la de nuestra provincia. Y reivindicar en toda su grandeza a la figura de José Gervasio Artigas y a los luchadores santafesinos que fueron los primeros en sostener ante el mundo, que no queríamos ser esclavos de ningún poder extranjero.

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