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30 mayo, 2021

Estanislao López y Melincué

Por Gustavo Battistoni.

Un nuevo aniversario de la fundación de nuestra querida cabecera del Departamento General López nos lleva a recordar un hecho muy poco conocido, pero muy importante en la historia de nuestra provincia. Don Estanislao, que no perdió jamás una batalla contra la provincia de Buenos Aires y las otras provincias, de donde viene el apelativo de provincia “Invencible”, sufrió sin embargo una sola derrota en toda su larga lid de militar, y ocurrió precisamente en la localidad de marras a manos de los indígenas. Estanislao López no era un militar más del montón, el Teniente Coronel Ornstein, uno de los grandes investigadores de nuestra historia, lo califica de genio militar, después de haber estudiado en profundidad todas las batallas de nuestro Brigadier, que nada menos venció a rivales de la talla de Manuel Dorrego en “El Gamonal”, y a Juan Galo Lavalle, el triunfador de Ituzaingó, con su extraordinaria táctica de engaño en “El Carrizal”. Sin embargo, y esto debe ser remarcado, la belicosidad y el talento guerrero de los indígenas Ranqueles de nuestras Pampas, pudieron con tan insigne estratega en el enfrentamiento que tuvo en la zona del Fuerte de Melincué.

En su fundación el establecimiento de observación pertenecía hasta la autonomía provincial a la Comandancia de Buenos Aires, pero estaba defendido por la milicia santafesina y sostenida por el erario de nuestra provincia. A partir de nuestra independencia de Buenos Aires en 1815, Melincué se transforma, con Arroyo del Medio, en el lugar más importante como frontera sur de nuestra provincia, lo que equivale a decir, que desde el punto de vista geopolítico, nuestra localidad hermana fue, desde nuestros orígenes, una de las más importantes localidades de nuestra historia. En ese momento, afirma el historiador Bernardo Alemán, el fuerte se encontraba en un estado ruinoso, establecidos en nuestra zona los bravíos Ranqueles.

Con la llegada de Estanislao López al poder, en 1818, la situación cambia radicalmente. El nuevo gobernador consideraba que se debía estabilizar la frontera sur ante los permanentes malones que sufría la población de la zona, en particular y con suma virulencia, la que habitaba en la Villa del Rosario. La actividad de los grupos indígenas era muy fuerte con depredaciones permanentes, y esto llevó a la celebración de un Tratado en enero de 1823 entre Santa Fe y Buenos aires, para proteger la frontera sur y norte de dichas provincias. Estanislao López encabezó, como era su costumbre, las operaciones militares, y en un primer momento obtuvo algunos triunfos en la lucha por establecer un estado santafesino. Pero en la primavera de 1823, a la cabeza de un grupo que salió desde Rosario, sufrió su única derrota en el campo de batalla, poniéndolo en retirada y proporcionándole muchas bajas. En esta acción perdió la vida el Comandante Juan Luis Orrego, mano derecha de López y de notable participación en la lucha contra los ejércitos de Entre Ríos y Buenos Aires, siendo su cadáver horriblemente mutilado. El mismo Estanislao López salvó milagrosamente su vida, después que rodara su caballo.

Ramón Lassaga en su hermosa biografía del Caudillo, así lo relata: “Los dragones recibieron orden de atacar el campamento de los indígenas, y avanzaron silenciosamente entre a-quella red de oscuridad y de tinieblas. Los indios los sintieron, y un terrible alarido despertó de su mudo quietismo aquellas enmarañadas selvas; el combate principió y los Dragones de López creían tener segura la victoria, pues ganaron terreno, arrebataron algunas cautivas e hicieron disparar toda la hacienda de los indígenas. La confusión se había apoderado de los indios y principiaban a desbandarse, cuando un alarido más fuerte que el primero reanimó el valor de los que estaban a punto de ser vencidos. Los indígenas habían acampado divididos en dos grupos, de los cuales el más pequeño había sido el que sufrió el primer ataque; esta circunstancia ignorada por los expedicionarios, fue la causa de la total derrota”. Este fracaso, muy duro para las huestes santafesinas, llevó a colocar luego de este hecho, una fuerza de 200 hombres para proteger la frontera sur de nuestra provincia.

Para finalizar, es de destacar lo que dicen los historiadores Gastón Green y Gabriela Molina en un excelente trabajo titulado “López y los pueblos originarios”, donde bien afirman que no desarrolló ninguna política ofensiva contra los Ranqueles, sino tan solo de defensa estratégica. Tan coherente fue su política de contención, que se negó a la expedición lanzada por Juan Manuel de Rosas en 1833, que tenía como objetivo principal a los Ranqueles.

Los pueblos preexistentes fueron duros luchadores y rivales del entonces naciente estado santafesino y debe ser destacada su bravura e indómita pasión guerrera que le propinó a nuestro Prócer su única derrota en un campo de batalla.

Fuente: El Correo Firmat. 17 de diciembre de 2019.

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