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22 septiembre, 2021

A 200 años del Tratado del Pilar

Por Gustavo Battistoni

Santa Fe le debe en buena parte su autonomía a José Gervasio Artigas. En marzo de 1815 llegaba el primer contingente artiguista a la provincia y el gobernador delegado Eustoquio Díaz Vélez se entregaba sin combatir, siendo embarcado para Buenos Aires con sus soldados y burócratas. De esta manera nuestra querida Santa Fe iniciaba su vida independiente y cortaba lazos con la ciudad puerto. De inmediato, el Cabildo nombró a Francisco Antonio Candioti,”el príncipe de los gauchos”, como su primer gobernador, y se izó por vez primera la bandera tricolor del federalismo. Desde ese momento Artigas fue una figura importante en nuestra política; sin embargo, su estrella comienza a menguar al año siguiente, en 1816, producto de la invasión portuguesa a la Provincia Oriental, lo que hace que nuestra comunidad comience a tomar cierta distancia. Tan es así, que cuando el depuesto Díaz Vélez invade Santa Fe en 1816, el gran caudillo oriental ya no aparece en defensa de nuestro territorio. Lo expresa el mismo Artigas en un oficio al gobierno de Corrientes: “Nada ha podido adelantar Buenos Aires contra el infeliz pueblo de Santa Fe, aun amputándolo en los momentos más críticos no hemos podido socorrerlo. Tal es el carácter de un pueblo que ama su libertad, ansioso de sostener sus derechos; esta es una lección práctica y eminente para los pueblos amigos y decididos a sostenerse”. Está claro en las propias palabras de Artigas que nuestra provincia adhería al proyecto del “Protector de los Pueblos Libres”, desde una visión independiente, confederal, de rotundo respeto al gran caudillo, pero, reiteramos, desde una perspectiva autónoma.

En enero de 1820, Artigas es completamente derrotado por los portugueses, mientras las tropas santafesinas coaligadas a las entrerrianas, con la sospechosa abstención de Córdoba, derrota irremisiblemente a las tropas Directoriales en la Batalla de Cepeda, el primero de febrero.

Esta batalla constituye un nuevo orden de cosas en las Provincias Unidas y lleva a la rendición de la soberbia Buenos Aires, que nacía como entidad ante la debacle del Directorio, incorporándola al federalismo. La victoria obliga a Buenos Aires a la firma del Tratado del Pilar, el 23 de febrero.

Este tratado intentó resolver los problemas mas graves de aquella coyuntura. Por un lado, resolver la ocupación de la Provincia Oriental por los portugueses, que llevará a la guerra con el Brasil y se resolverá, negativamente, con la paz de 1828. Por otro lado, resolver la disputa entre unitarios y federales, que recién tendrá resolución con la sanción de la Constitución de 1853. El artículo primero del Tratado, expresa: “Protestan las altas partes contratantes, que el voto de la Nación, y muy en particular el de las provincias de su mando, respecto al sistema de gobierno que debe regirlas, es el de la Federación, que de hecho admiten pero que debiendo declararse por diputados nombrados por la libre elección de los pueblos, se someten a sus deliberaciones”. También se hace referencia a la situación en la Provincia Oriental, en el artículo tercero: “Recuerdan a la heroica Provincia de Buenos Aires, cuna de la libertad de la nación, el estado difícil y peligroso a que se ven reducidos aquellos pueblos hermanos por la invasión de una potencia extranjera…”.

Artigas rechazó el Tratado del Pilar con acerbas palabras, firmando con Corrientes y Misiones el Tratado de Avalos en respuesta, contra Francisco “Pancho” Ramírez, en particular: “El objeto y los fines de la convención de Pilar sin mi autorización ni conocimiento, no han sido otros que confabularse con los enemigos de los pueblos libres para destruir su obra y atacar al jefe supremo que ellos se han dado para que los protegiese…”

También expresó su desagrado con Estanislao López, a lo que nuestro caudillo respondió:”Ella (la felicidad común de las provincias de la Unión) exigía con la mayor urgencia, la convención que se ha logrado con ventajas a lo apetecible. V.S. conoce a fondo mis intenciones como mi sinceridad: crea, pues, estas proposiciones que estampo, y que quisiese que se grabasen para eterna duración: Mi deseo es el bien general desde donde parten mis operaciones.La observancia de los artículos estipulados (en el Tratado del Pilar) promete ese beneficio: a la mira de ellos vigilaré la interrupción y cualesquiera inconvenientes de menor consideración que puedan ocurrir, podrán ser obviados con la energía. Esta le prometo a V.S. también la permanencia en la unión de sentimientos relativos al objeto de nuestros afanes, que es la libertad bien ordenada de todos los pueblos hermanos. Me lisonjeo de haber dado a la perspectiva de V.S. un manifiesto de mis operaciones, concordantes con los deseos de V.S. cuya vida prospere muchos años”.

Las objeciones de José María Rosa y Rodolfo Puiggrós al Tratado del Pilar, son a nuestro entender, equivocadas. En el caso del autor de la “Historia Argentina”, porque no analiza en profundidad el significado de Tacuarembó y el peligro portugués para las provincias del Litoral. El autor del magnífico “Los Caudillos de la Revolución “, se equivoca por su economicismo y subestimación de los caudillos del Litoral, donde le da poco margen a la acción política de nuestro gran timonel.

Hay que decir a guisa de verdad, que nuestro caudillo creía que no era posible entablar en la condiciones de devastación en la que se encontraba Santa Fe, una lucha en dos frentes, contra los portugueses y los porteños, intentando ganar tiempo, sospechando, como luego sucedió, que los bonaerenses no iban a cumplir con el Tratado de marras. Sin embargo, intentó, infructuosamente, construir un poder propio en Buenos Aires, con el convencimiento de que era mejor un aliado inestable, que el rompimiento con la provincia más poderosa del país en medio de la amenaza lusitana. Si un defecto tuvo Estanislao López fue no destruir el poder porteño e implantar en el entonces territorio de las Provincias Unidas, el Estatuto Santafesino de 1819 con su perspectiva democrática, republicana y profundamente americana.

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