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22 septiembre, 2021

La lucha federal

Por Gustavo Battistoni

La Guerra Civil fue catastrófica. El tremendo esfuerzo santafesino por su independencia y brega por la república federativa llevó a una crisis muy grave. En 1820, solo a diez años de la Revolución de Mayo y a cinco de la autonomía provincial, se encontraba nuestra provincia en un estado de bancarrota. Sin embargo, esto no fue óbice para que se arrodillara ante el despótico poder bonaerense. Buenos Aires, rechazó, después de firmarlo, el Tratado del Pilar y eso llevó a un nuevo conflicto donde Santa Fe, nuevamente, derrotó a las tropas comandadas por Manuel Dorrego en la batalla del Gamonal. En una nota conminatoria al Cabildo de Buenos Aires, se expresaba la realidad: “La provincia de Santa Fe, ya no tiene que perder. Nos han privado de nuestras casas, porque las han quemado; de nuestras propiedades, porque las han robado; de nuestras familias, porque las han muerto. Existen solamente campos solitarios, por donde transitan los vengadores de tantas ofensas, para renovar diariamente sus juramentos”. Nada tenía nuestra provincia, sino sed de libertad y justicia, lo suficiente para continuar la lucha libertadora.

Ante esta nueva situación, derrotada nuevamente Buenos Aires, y con la mediación de Córdoba y su gobernador Juan Bautista Bustos, impuso la “provincia invencible”, una serie de condiciones, entre las cuales, la más importante, fue una enorme cantidad de ganado que debía pagar la provincia derrotada en concepto de indemnización, que fue aceptada por el vencido, con la aparición de un rico terrateniente garante que dará que hablar en la política nacional: Juan Manuel de Rosas. Esta indemnización será acerbamente criticada por los denostadores de Estanislao López, diciendo que había sido un soborno porteño para controlar a nuestra provincia. Sin embargo, escuchemos lo que dice el máximo denostador de nuestro Caudillo, el General Tomas de Iriarte, en sus venenosas “Memorias. /La Independencia y la Anarquía”, para entender el verdadero significado del acuerdo: “Se hizo la paz con López, Rosas la negoció, pero el tratado fue vergonzoso, humillante para Buenos Aires. Se sometió a un tributo de cuatro mil pesos mensuales que debía entregar a Santa Fe para que el gobierno de esta provincia pudiera sostener uno o dos escuadrones de caballería. Los estancieros de la provincia de Buenos Aires se pusieron en contribución de ganados y se dieron por el intermedio de Rosas muchos millares de cabezas, sin cuenta ni razón, al gobernador de Santa Fe”. Estas palabras de desprecio, pero también de meridiana claridad con respecto a cómo se benefició por el Tratado de Benegas, nos deben dar la dimensión de la notable jugada política. Reconstruyendo nuestra economía podía afianzar el federalismo republicano como lo había venido haciendo, con una economía devastada nada se podía hacer en favor de la organización nacional. Y eso hizo López. Dicen al respecto Raúl O. Fradkin y Jorge Gelman, en su libro “Juan Manuel de Rosas. La construcción de un liderazgo político”, de la situación santafesina:”Por lo pronto, para entender los motivos por los cuales López impuso esa exigencia debe recordarse que las guerras desatadas en el Litoral habían adoptado la forma de una guerra de recursos que tendía a devastar y a consumir aceleradamente el stock de ganado vacuno y caballar existente y a limitar las posibilidades de reproducción”. Con el Tratado del Arroyo del Medio, se salvó nuestra independencia y la más que probable desaparición como región autónoma, no caben dudas.

Además, por el Tratado incorporaba a la mediterránea Córdoba definitivamente al federalismo y evitaba la tendencia disgregante que había asumido Francisco Ramírez con la creación de la “República de Entre Ríos”, que acusaba a López de negociar con Buenos Aires, olvidando su relación con Manuel de Sarratea, el más rancio de los directoriales. Nuestro gobernante siempre cumplió sus pactos, de ahí el respeto que le tuvo alguien tan desconfiado como Juan Manuel de Rosas a nuestro gobernador. La palabra empeñada era muy importante, y el Pacto de Benegas o del Arroyo del Medio, consolidó el espíritu federalista, conviniendo a un Congreso Federativo en la ciudad de Córdoba, la libertad de comercio entre las provincias, y la manumisión de prisioneros, entre otras cláusulas.

Al finalizar el tremendo año de 1820, a Santa Fe le correspondió el honor de ser el centro de la lucha contra los gobiernos directoriales con sus ínfulas monárquicas y su deseo de ser los continuadores del centralismo virreinal, bajo la mascarada de la independencia de España.

Aunque nunca pretendieron establecer reglas de acción política, los caudillos del interior establecieron una serie de pautas de conducta de las que se podrían sacar esclarecedoras lecciones. La política es una opción entre dificultades, y en el medio de una cruenta guerra civil, larga y devastadora, los santafesinos fuimos con nuestra sangre plebeya, uno de los principales constructores de la República Argentina.

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