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8 junio, 2021

Encuentro en Colonia

Participamos ….

EDUCACIÓN EN HISTORIA DE AMÉRICA IDENTIDAD, ABYA YALA, LIBERTAD, REVOLUCIÓN, NOSTRIDAD.

Por Rubén Manuel Román

Presento una propuesta, más pedagógica que didáctica, organizada como herramientas conceptuales para preparar temas, clases, artículos, investigaciones, centradas en el tema de las luchas del pueblo. Orientada principalmente a aquellos que, mayoritariamente, se pueden caracterizar como estudiantes o egresados recientes del profesorado, y planteada desde una mirada transdisciplinar. El contenido se desglosa así en los ejes: Abia Yala, nuestro continente, sus nombres y sus mapas; el complejo teórico antropológico identidad/otredad/nostridad, la educación para todos. Todos ellos referidos a pueblo y sus luchas, ejemplificado en el caso paradigmático del pueblo artiguista y del General Artigas 4.

La Nostridad, de Clara Dellagiovanna e Javier Del Valle Barrozo5.

4. José Gervasio Artigas (1764-1850) Desde 1811 encabeza las luchas por la independencia americana en la provincia de la Banda Oriental entre 1815 y 1820, como Protector de los Pueblos Libres, ejerce el poder político y militar en las provincias de la Liga Federal: Banda Oriental (Con posterioridad República Oriental del Uruguay), Misiones, Corrientes, Entre Ríos Santa Fe y parcialmente Córdoba.

5. Con este ejercicio plástico, poético, y crítico, quisimos dejar expresar nuestra visión, diferente a los propósitos centralizadores y unitarios de entonces, estableciendo una analogía para este caso, entre visión en sentido visual, y visión en sentido ideológico. En el dibujo se representa una imagen como si estuviéramos observando ese mapa desde el Río de la Plata, con esta impronta revisionista y restituyente. El hecho histórico El Grito de Asencio data el 28 de febrero de 1811, a orillas del Arroyo Asencio, en el actual departamento de Soriano, de la República Oriental del Uruguay. Medidas: 2,40 x 1,40 mts. Año: 2015 Técnica: acrílico s/lienzo

Fonte: Acervo dos autores, 2015 ABYA YALA & AMAZÔNIA 58 Abya Yala, Nostridad y Educación en la libertad e integración

He preferido hacer en esta oportunidad, unas sencillas propuestas de algunos marcos teóricos que podríamos tener en cuenta: para dar clases, para los actos escolares, para hacer investigaciones, para presentar ponencias alrededor de las luchas del pueblo americano, la figura de sus líderes, y de sus pensamientos. Por eso, es que voy a intentar presentar alguna novedad, con sabor a diferente.

Voy a exponer entonces en este trabajo, que también podría haber denominado “de la otredad a la nostridad” algunos conceptos. Voy a tratar de explicar algo de cada uno de los ejes de análisis que me propongo; de qué se trata esta cuestión.

Voy a tomar tres ejes, tres núcleos temáticos. El primero es Abya yala, el segundo es la nostridad como concepto y el tercero es la educación en la libertad y la integración. Quiero que recuerden que estoy destacando en todos ellos al pueblo.

Una primera salvedad, es usual que se refiera a los sectores populares y quiero hacer una aclaración que parte de una reflexión personal. Sabemos que el sentido de las palabras y de las expresiones va cambiando con el tiempo, porque la legua es algo vivo, evoluciona / involuciona – como se quiera ver- con la cultura.

La palabra “popular” que se usara para designar a los sectores más humildes de la población, sentido que aún se le sigue dando, ha ido ampliando y variando su significado y pasado a designar aquello que más audiencia tiene en los medios masivos, por ejemplo, una canción, un grupo musical, un cantante, un actor, también una marca o un tipo de ropa y otras expresiones que en definitiva refieren al consumo masivo.

Por otro lado, parece que algunas dirigencias políticas y los medios de prensa concentrados, temen hablar del pueblo, parece que les resulta algo que da temor, y lo entienden como más suave si los desdibujan en “popular”. Por eso, para ser claro en el sentido, usaré la palabra “pueblo”, sin eufemismos.

¿Cómo voy a encarar estos temas? Lo voy a hacer desde el pensamiento complejo, no porque quiera ofrecer un homenaje a Edgar Morín (MORIN, 1994), que se lo merece, por supuesto, sino porque pienso que todas estas disciplinas desde las que podemos abordar el estudio de esta problemática: historia, antropología cultural, sociología, política… son todas ABYA YALA & AMAZÔNIA 59 imperialistas, es decir: todas intentan ocupar el territorio de las demás , sus contenidos se pisan, entonces, hoy en día es prácticamente, si no, imposible, muy difícil, hacer una análisis a partir y circunscripto solamente a una única disciplina. Por eso voy a tratar de tocar algunos puntos desde distintas miradas.

Creo válido preguntarme ahora ¿Son estos ejes teórico propuestos útiles para pensar en la investigación del complejo fenómeno historiográfico que podemos denominar el pueblo de la Liga Federal, el pueblo de, o con Artigas? ¿Podríamos pensar en planificar una unidad, una clase, un acto escolar a partir de algunos de los puntos que estaremos viendo en estos momentos?

Vamos entonces con Abya Yala

Nuestro continente ha recibido siempre denominaciones desde fuera: comenzamos siendo, a partir de la llegada e instalación definitiva de los europeos, “las Indias”, el territorio habitado por los in-Dios, los pueblos sin dios, para quienes así los nombraron, después fuimos las Indias Occidentales, por los mapas que hacía un Italiano – Américo Vespucci- fuimos “América”: después angloamérica, iberoamérica, indoamérica, hispanoamerica.

Quizás el término que más éxito ha tenido y que hoy nos permite a nosotros auto-reconocernos, es el de Latinoamérica, que sin embargo es una visión del Imperio Francés, que una vez perdida la esperanza de sostener el territorio de lo que ellos denominaban la “Amérique latine du Nord” invadieron México y trataron de convencernos a nosotros de que éramos todos latinos, frente al predominio anglosajón en América del Norte.

Junto a este fenómeno, teníamos poblaciones pre – existentes en América, que, en general no usaban denominaciones territoriales más allá del propio territorio. En casos, de algún territorio de alguna etnia con la que tuvieran algún tipo de enfrentamiento, pero no había denominaciones generales del territorio, salvo un caso: la etnia Kuna, del actual Panamá, que denominaba la tierra, de “mar a mar” claro está, partiendo de que ellos vivían en el Istmo, y que conocían tanto lo que nosotros denominamos el Caribe, como el Pacífico. A ese territorio le llamaron Abya Yala.

Este término, desde hace unos treinta años atrás, aproximadamente, desde que el rey de España lanzó la conmemoración de lo que en Europa se denominó “Quinto Centenario del Descubrimiento de América” inicialmente como “festejo”, entonces comenzó a difundirse, y se va instalando poco a poco, como una forma de identificación a partir de un nombre propio, elegido por nosotros, los abiayalanos.

¿Cuál será nuestra elección personal -individual y colectiva-? ¿Nos atreveremos a la originalidad de autonombrarnos? ¿Seguiremos siendo denominados por los imperios? ¿Sabemos que tenemos una herencia de la que podemos tomar o rechazar bienes culturales?

La “tierra sin mal”

Había otras posibilidades, por ejemplo la etnia tupí-guaraní, que ocupaba a la época de la llegada de los conquistadores la tierra americana de todo el este, desde la península de la Florida hasta el Rio de la Plata, tienen una concepción- de lo que nosotros los occidentales, culturalmente judeo-cristianos denominamos el Paraíso Terrenal- como una tierra en la que todo prospera y no hay ni pestes ni males de ningún tipo, lo que motiva que las aldeas enteras se trasladen en busca de “La tierra sin Mal”. Ellos así denominan a todo ese amplio territorio que ocupaban. Sería otra posibilidad de auto denominación de estas tierras.

En Uruguay, hace unos treinta años, en la Isla Filomena, en el río Uruguay, se instaló una comunidad guaraní que había partido de Brasil, perseguida por la dictadura, rebotó en Paraguay, perseguida también por la dictadura, fue a Argentina y fue perseguida por la dictadura, llegó a Montevideo, -me parece que los dejaron estar ahí porque creyeron que eran coreanos. Cuando terminaron siendo destinados a la Isla Filomena por los antropólogos de la universidad de la República, y aparentemente allí pudieron prosperar, encontraron en ese sitio, la “tierra sin mal”. (ROMAN, 1992)

Esto no es una cuestión de hace quinientos años, es algo que está vivo en la conciencia de las poblaciones originarias. ¿Cómo tendíamos que ver esto? Desde los orígenes, piensen en Teotihuacan, una ciudad que para cuando llegaron los españoles hacía cerca de dos mil quinientos años que había sido fundada, hacía mil trescientos años que había sido abandonada. Es la ciudad donde viven los Dioses. Y hasta el mañana porque, como debe ser entendida la historia, todo lo que aquí propongamos, va a estar apuntando hacia ese mañana. Esta sería como una mirada que nos hace pensar, quizás, desde lo geopolítico a nuestro territorio.

Nos podríamos plantear si hemos sido capaces de conformar un pensamiento que sea indo-afro-iberoamericano entre nosotros. ¿Cuánto de lo que se dijo, de lo que se expuso, de los documentos que existen está vivo? ¿Y cuando no? ¿Cuánto de eso tenemos que tratar de revivir? ¿Podemos tratar de demostrar el respeto por nuestros hermanos los integrantes de los pueblos originarios? ¿Es una forma de hacerlo recurrir a las expresiones que ellos nos prestan para nombrar la tierra que pisamos?

Los mapas que nos “vendieron”

En esa búsqueda comencé a pensar, en los mapas, siguiendo en parte la vieja propuesta de Arno Peters, porque estos mapas que nos “vendieron” están todos mal hechos, por ejemplo, están puestos “patas para arriba” los mapas, porque esta convención social que dice que el norte está arriba, la inventaron los del norte, y nosotros la “compramos” y la seguimos usando tal vez acríticamente. Yo me planteaba si uno mirara la esfera, el globo terráqueo, lo puede hacer desde cualquier lado, y cualquier porción del territorio va a estar arriba, dependiendo de; desde dónde uno se coloque para verla.

Cuando Mercator, un mercader holandés con intereses en Gran Bretaña, extendió el globo en un planisferio, en una imagen plana, bidimensional, que, supuestamente, representa la figura del globo terráqueo, hizo una cuadrícula en la que cada cuadradito es igual, de idénticas dimensiones. Entonces le dio a la zona de los polos, que tiene una extensión mínima, casi nula, la misma medida que al Ecuador Y ¿Cómo rellenó esos espacios mínimos cercanos a los polos? En el norte, con más tierras, y en el sur con más mar. Así se deformó la realidad aparente, por ejemplo, Groenlandia, que si miran el mapa tiene un tamaño casi tan grande como América del Sur, es mucho más pequeña que la Argentina, o es mucho menor que la India, y también se la ve mucho más grande y así todo. Además el centro óptico del mapa está puesto en Gran Bretaña, en la potencia dominante a nivel mundial en el momento en que el mapa se hizo. Claro que después esto se va corriendo de este a oeste, pero no de norte a sur, entonces tenemos que ese centro óptico, se traslada hasta que es ocupado por la ciudad de Nueva York, entonces capital del mundo, y en algún momento, cuando pareció que la potencia número uno sería Japón, aparece en esa posición Tokio y seguramente mañana lo trasladarán a Beijing. ¿Alguna vez lo tendremos por acá? ¿Por esta zona, a ese centro?

Entonces, recapitulemos: Abia Yala, expresión de los pueblos originarios Kuna de Panamá, que significa de mar a mar y que es el nombre que yo elijo, modestamente propongo, que usemos para designar a nuestro continente, y que el mapa se plantee centrado en el lugar que pismos.

La primera de las luchas de Artigas y del pueblo de la Liga Federal:

Voy a referenciar cada uno de los temas que vengo tocando esta dupla: Artigas, como emergente, líder, con y el pueblo: su pensamiento y sus luchas. Cuando decimos que la denominación de nuestro continente no lo elegimos nosotros, estamos hablando de pensamiento eurocéntrico, el que lo elige es otro, desde esta forma denigrante de llamar “in-dios” a los habitantes, y Las Indias, al continente. De allí en adelante estas son demostraciones de esa forma de pensamiento: eurocéntrico.

Nosotros, en la época de Artigas, en la época de fines de la colonia, lo llamaríamos pensamiento “español peninsular” “portugués peninsular” y frente a eso: el pensamiento, que siguiendo mi propuesta yo denominaría pensamiento abiayaleano, y que para la época en análisis lo podríamos denominar hispanoamericano o español de las colonias y en otras partes del continente, lusoamericano, o portugués americano.

Quiero explicar específicamente porqué digo hispanoamericano, lusoamericano y no iberoamericano, que es una palabra más inclusiva: porque no nos olvidemos que para la época de comienzos de la lucha por la independencia, Brasil no estaba conducido por los brasileños, sino que estaba gobernado por los portugueses, y estos portugueses eran, por entonces, por lo menos, uno de los enemigos.

Esto es así al punto que, cuando entre las poblaciones de la América española se dice americanos, en esa época, se está diciendo hispanoamericano, y católico además. El sentido que tiene en ese momento es este que estoy desarrollando: los hermanos no son todos los de todas Las Américas, los hermanos son, para los compaisanos de la Liga Federal, los hispanoamericanos católicos, insisto, en la realidad de ese momento.

Por supuesto que hoy, hablamos de iberoamericanos e incluimos a lusoparlantes e hispanohablantes como un hermano más, para ambas comunidades. ¿Podríamos decir que es en este marco que el pueblo, conducido por Artigas lucha por la unidad, la integración de todos los hermanos? ¿Podemos afirmar que desde su acción y desde la documentación que nos dejaron, más allá del manejo conceptual o no que tuviera, trataron de construir un pensamiento americanocéntrico? La idea de la Liga de los Pueblos Libres ¿no es en una cierta medida la lucha por desterrar las superioridades /inferioridades de una poblaciones y otras, de integrarnos a todos los hermanos en pié de igualdad?

Cultura identidad y discriminación

Voy a pasar a otro eje temático, porque, como el concepto convocante es la Identidad, yo quiero revisar un poco esto desde una mirada antropológica, para lo cual quiero comenzar planteando un concepto amplio de cultura. ¿Qué decimos nosotros cuando decimos cultura o culturas? No quiero caer en definiciones enumerativas, de las que se suelen hacer cuando comenzamos decir “es la suma de” la suma de nuestras tradiciones, nuestra lengua, nuestras costumbre… NO.

Quiero buscar un concepto que englobe todo eso y decir, por ejemplo, que cultura es la suma de todos los bienes materiales e inmateriales de una sociedad determinada en un momento dado. Siguiendo más hacia acá en el tiempo, puedo avanzar, y en una sociedad de pueblos en contacto, como es la que nosotros tenemos hoy, decir que la cultura es la capacidad de adaptación. Adaptación de los pueblos migrantes a los pueblos que los reciben y de las sociedades receptoras a los aportes y préstamos culturales que traen consigo esas sociedades migrantes.

Pensemos para comprender esto, por ejemplo en Argentina, que creemos que somos un pueblo de inmigrantes, porque llegaron tres millones de europeos, que son más o menos los que se quedaron , cuando hoy en día, la cantidad de pueblos en migración que hay supera los cien millones de individuos. Así es, tres vinieron a la Argentina y parece que nos hubieran transformado totalmente, hoy son cien millones los que están en movimiento. Entonces, la capacidad de adaptación hoy, es un elemento central, esencial para poder comprender la cultura o, mejor, las culturas de nuestro tiempo.

Pero podría avanzar más todavía y decir que, en la sociedad de la información, de la comunicación, del conocimiento, y ante la velocidad de los cambios, cultura es la capacidad de innovación. Porque esto es lo que requiere el mundo de hoy, una innovación permanente, la capacidad de enfrentarnos a las innovaciones y más aún, de ser generadores de innovaciones.

Este complejo de pensamiento que implica la mirada antropológica sobre la cultura, tiene algunos elementos, contenidos esenciales, entre ellos identidad y discriminación. En esto voy a plantear acá tres ejes. ¿Cómo es que construimos nuestra identidad? y ¿Cómo es que, se quiera o no, vamos a comenzar a construir las formas de discriminación? Las formas de identidad que construyen los pueblos, tienen siempre dos vías.

A la identidad la construimos de dentro hacia fuera, es decir, nos vamos conformando, nos vamos desarrollando, vamos evolucionando, desde nosotros, para ser “mismos” para reconocernos en nuestros iguales: físicamente, y eso tiene una raíz biológica, y culturalmente, a través del comportamiento cotidiano de esas poblaciones. Y esa mismidad nos indica que no hay otro soy solamente yo, y siempre que diga yo, estaré diciendo un yo individual y sobre todo. “Soy solamente yo. “El resto no existe”.

Cuando el mundo va avanzando, las sociedades van complejizándose, comienza construirse la identidad de fuera hacia dentro, porque me enfrento a alguien en el que me espejo y a partir del cual establezco algunas notas identitarias. Por ejemplo, si me enfrento a un negro, me identifico como blanco, y viceversa, lo que no se me hubiera ocurrido en el primer caso, en lo que denominé la primera vía.

Así aparece la idea de la “otredad” y al respecto recuerdo en este momento un libro maravilloso (TODOROV, 2007) que es una joya, una gema imperdible para entender el tema de la otredad. Y esta otredad ¿Qué significa? Que yo establezco un corte, una diferencia, entre “nosotros” y “los otros” entre yo y el otro. Y ese otro es un “diferente” y esto trae aparejada una situación paradojal.

Por un lado, avanzo, me construyo, me completo, me perfecciono como persona, reconociendo a ese otro a ese diferente, y al mismo tiempo, comienzo a establecer mis características como mejor. Voy a poner esta situación en un juego de palabra:

• Vos – recuerdo, un vos individual y colectivo- sos diferente y le estoy diciendo a ese otro que reconozco, a la vez, vos sos deficiente.

• Vos sos indígena, vos sos un muerto de hambre, vos sos indigente.

• ¿Y el negro? En Argentina, quizás en otros países de América no tanto, es negado. Es negado por los unos y los otros, por los propios y los extraños. La señora negra estoy utilizando intencionalmente el término- que se pone una faja, se plancha el pelo y se lo tiñe.

Desde principios de la década del ‘80 en adelante los inicios de la democratización en América Latina, trajeron aparejados principios de afirmación autoidentitaria tanto de las comunidades indias, o de pueblos originarios, como de las comunidades negras o de afrodescendientes.

En realidad, yo nos les tengo mucho miedo a las denominaciones, porque, Tupac Amaru II, antes de ser descuartizado, dijo “Como indios nos dominaron, como indios nos liberaremos” Quiere decir que a veces el nombre suele implicar muchas cosas y otras veces no tanto.

De todas maneras, cuando está planteado con esta intencionalidad de “marco la diferencia porque yo soy superior” engendra los peligros de las distintas formas de discriminación.

Al respecto quiero plantear dos expresiones discriminatorias que me parecen centrales en las relaciones entre los americanos. El racismo, que es de base biológica y que establece sobre todo por el color de la piel, o los rasgos, la diferencia. Ese racismo ¿Qué niega? Le niega al otro el derecho a la igualdad. Cuando aquel que establece la forma de discriminación le dice al otro: “Negro naciste y negro te vas a morir”. “Bruto naciste y bruto te vas a morir” Ese es el racista.

Esto está clarísimo, y cuando alguna gente dice algo de los negros y después aclara: “No, yo dije negro de alma”, está diciendo lo mismo. Es la misma forma de discriminación racista, asquerosa y repugnante que usa el otro que le dice negro, o indio, o judío, o gringo, porque, en el primer caso, le quiere decir negro… Es lo mismo.

La otra forma que tenemos es el etnocentrismo, que es la manera de discriminación que establece aquel que considera no ya que su color o la forma de su rostro, o el color de los ojos marcan la diferencia, sino la cultura. El que es etnocéntrico está diciendo “mi cultura es superior a la tuya”. Pero, ¿Cuál es la diferencia? que le está diciendo a ese otro. “Vos no tenés derecho a ser diferente”. “Tenés que cambiar para ser como yo”. Esta forma la vivimos en América con todas las tiranías militares que sufrimos en el continenteCada vez que nos dijeron “si sos socialista tenés que hacerte liberal”. “Si sos ateo, tenés que hacerte cristiano”. “O lo hacés, o te mato”. Esto es el etnocentrismo y también es común entre nosotros. Es más, tenemos el record de ser a la vez racistas y etnocéntricos. Le negamos al otro el derecho a ser diferente y le negamos al otro el derecho a ser igual. Entonces ¿Cuál es la trascendencia frente a esta realidad, a esta situación, cuando así fuera? Posiblemente haya algunas cuestiones en las que esté equivocado, o en las que haga alguna exageración. Todo es posible. ¿Cuál sería la propuesta desde un pensamiento nosótrico? Filosofía de la igualdad por sobre la diferencia, y el reconocimiento de la diferencia desde ese lugar de igualdad. (LEMKENSDORF, 2002)

Cuando preparaba este capítulo, pensaba, a partir de alguna experiencia de trabajo con comunidades indígenas, incluso en las escuelas, y cuando las maestras, formadas en profesorados eurocéntricos, les enseñan a los alumnos: lo contrario del día es noche, lo contrario de luna es sol, lo contrario de hombre es mujer, lo contrario de negro es blanco; los niños de las comunidades originarias no entienden nada; ¿Por qué? porque para ellos, desde sus tradiciones culturales, todos esos pares, son complementarios, no contrarios. Ahora, pensemos ¿El hombre y la mujer, son contrarios o complementarios? Me gustaría poder seguir un diálogo con los lectores para que después me cuenten

El “nosotros” además es enfático, porque nosotros, no se dice vacío de contenido. Cuando uno usa nosotros, en vez de usar “otro” está enfatizando la inclusión de esa persona que está frente nuestro, de ese grupo humano que está frente a nuestro grupo humano. “Nosotros” es representativo de todo lo que nosotros somos, de lo que nosotros queremos ser, de lo que nosotros aceptamos ser, y es recordativo de aquello en lo que no tenemos que caer. Y si acaso hay un otro, ese otro se construye en la “nosotridad” que es uno de los términos que se usa para hacer la traducción del lenguaje tojolabal, esa parcialidad de la etnia maya que nos enseña a pensar en este sentido..

Entonces, la nostridad también es un hecho, porque nosotros convivimos con elementos negativos y elementos positivos en nuestras sociedades. Yo pensaba que la nostridad es lo que piensa el hijo del pueblo. Y ¿Quién es para nosotros el hijo del pueblo en esta convocatoria? Cada uno de los integrantes de nuestras comunidades, y también sus líderes, consagrados por ese colectivo a través del tiempo, por ejemplo; Artigas, que es el padre y es el hijo. Me pregunto, les pregunto, te pregunto a vos, lector: ¿que elegimos nosotros: mismidad, otredad o nostridad?

La segunda de las luchas del pueblo

Entonces, voy a otra de las luchas. Lo que nosotros llamamos desde el campo de la antropología cultural: etnocentrismo, en el caso de Las Américas, de Abia Yala, es eurocentrismo, porque es una forma específica de lo etnocéntrico, para nuestros compaisanos de la Liga Federal sería “español peninsular” y en lo más biológico, lo que nosotros llamamos racismo, los españoles lo llamaron “pureza de sangre”. Acá hago otro paréntesis ¡Pureza de sangre! Me viene a la memoria un ejemplo ilustrativo. Don Salvador de Madariaga, un novelista español de principios del siglo XX, tiene una saga interesantísima. Es la historia de dos familias, los Esquiveles son judíos conversos, más o menos conversos, y los Manriques son descendientes de visigodos es decir, blancos. (MADARIAGA, 1942).

Se trasladan a América y comienzan a tener cruces entre ellos, y cruces con los nativos americanos lo que lleva a lo que Madariaga denomina “Guerra en la sangre” En este marco, Madariaga, hablando de este tema de la pureza de sangre dice: España era sinónimo de Iberia y eran los íberos quienes vivían allí, pero llegaron los celtas y hubo colonias fenicias griegas y romanas, y después vinieron los romanos y se instalaron durante varios siglos, pero cuando uno dice romanos, está diciendo: romanos, italianos, griegos, cretenses, es decir que todos esos grupos vinieron y se instalaron durante varios siglos allí, y después vinieron las invasiones de lo que los romanos llamaron los pueblos bárbaros: ostrogodos, visigodos, alanos, suevos, todos ellos fueron dejando su semillita, pero, paralelamente a todo esto se instalaron los judíos que habían sido expulsados de Palestina por el emperador Vespasiano, y que llegaron a conformar el treinta por ciento de la población de la península. Después llegaron los “árabes” que en realidad no eran específicamente árabes, eran también persas, bereberes que tuvieron dos dinastías de negros subsaharianos, los almohades y los almorávides y una dinastía de eslavos. No olvidemos, también hubo algunas incursiones de normandos. Para no cansarlos con tanto detalle ya me parece suficiente.

El producto de todas esas mezclas, creían que eran de sangre pura, y es más creían que eran blancos. Entonces los negros, los indios, los mulatos, zambos, mestizos, cuarterones, octavones, tente en el aire, salta pa’trás, todos esos nombres que les dieron a los diferentes cruces de lo que llamaban “las castas” se enfrentaban a “los blancos”. Bien, contra eso tiene que luchar el pueblo, porque algunos grupos, que tienen la libertad, no quieren libertad en igualdad.

Tal vez pensado desde esta mirada que estoy proponiendo podamos comprender un poco ¿Por qué hubo tanta resistencia a las ideas libertarias e igualitarias de Artigas? ¿Cómo fue posible que se unieran las elites dominantes de Montevideo, Buenos Aires y Rio de Janeiro, aparentemente enemigas entre ellas, para destruir su proyecto político, que yo llamaré; nosótrico? ¿Tal vez se unieron por el espanto a la belleza utópica del pensamiento del pueblo federal y de Artigas: de comunalidad, correspondencia, reciprocidad, complementariedad, consenso?

Educación

Voy al tercer eje que me propuse que trabajáramos hoy. “Educar” Tiene un sentido positivo. Siempre. Está bien que se concreta de acuerdo a una determinada escala de valores de la sociedad que educa. El aspecto más positivo es esta idea de humanización, de completamiento del ser humano, de perfeccionamiento del ser que se educa, que deben ser todos y todas, a lo largo de toda la vida.

Nosotros podemos decir “el ser humano nace como perfecto” cualquiera que ve un bebe recién nacido dice “qué hermoso que es, es perfecto” bueno, sí, es perfecto como bebé, pero requiere de un proceso de completamiento a lo largo de toda su vida, para poder ir completándose, ir, perfeccionándose, ir hominizándose, en este proceso que llamamos educación: formal y no formal.

Entonces cuando por efecto de la traducción del inglés cuyas expresiones responden a concepciones culturas específicas de la vida, como por ejemplo al sentido utilitario de la realidad, decimos “para” “educación para la paz” “educación para la integración” “educación para la igualdad” por ejemplo y se aplicará a cualquier área, disciplina; que perfile el contenido que se trate.

No debemos caer en esa trampa que no se ajusta a nuestra cultura, es educación “en”- “en la paz” “en la integración” “en la igualdad”- porque la educación reconoce un solo “para” que es “para sí” reitero, un para sí individual y/o colectivo. Cada uno le va a ir agregando más de uno o más de otro, según su concepción, su perfil ideológico.

Por otro lado, la educación que es tan antigua como la humanidad, y que en todas las culturas ha sido siempre para todas y todos, como podemos verificarlo en el caso de las culturas abialayanas desde un polo al otro, si bien en la mayoría de los casos se trata de educación no formal, de aspectos de la socialización primaria, llevada a cabo sobre todo por los maestros, los abuelos, básicamente a través del juego, que prepara para la vida adulta.

Cuando las culturas civilizadas comenzaron a diferenciar los procesos de socialización secundaria, básicamente en las mesetas del continente, los estados: aztecas, quíchuas, mayas, crearon escuelas: para niños y niñas; para nativos y hablantes de otras lenguas; técnicas y filosóficas; para los gobernantes y los gobernados. El caso de Tenochtitlan es paradigmático, ya que hacia el 1400 cuando Europa se debatía en la oscuridad de la ignorancia, y el conocimiento estaba restringido a las elites, estableció para la población nahuatl un sistema educativo estatal con carácter de universal y obligatorio. El retroceso de la invasión europea significó trescientos años para recuperar esta idea y lentamente llevarla a la práctica, y en el primer siglo de esta escuela, con exclusiones que recién ahora se van -¿Sí? ¿Se van? – eliminando. La tercera de las luchas del pueblo Cuando Artigas decía “educar en la libertad” es lo que Paulo Freire decía ciento cincuenta años después, que había que educar al opresor y al oprimido, pero juntos, no para lograr que el oprimido pase a ser el opresor y viceversa, que el oprimido de antes pase a ser el opresor de ahora, sino todos juntos. (FREIRE, 1968) Lo expresaríamos en el lenguaje de la época de Artigas: al encomendero y al indio, al amo y al esclavo, al propietario de tierras y al desharrapado, como decía para la misma época el maestro de Simón Bolívar. (RODRÍGUEZ, 1848/2004). La educación también tiene que ser “situada” desde mi lugar, mi tiempo, mi realidad, En este sentido recurro a Andrés Bello, ese otro maestro de Bolívar que asentó el sistema educativo chileno. Agrego, también: desde mi “locus de enunciación” Pensemos que casi siempre las elites ilustradas, por lo menos en algunos lugares de América, no lograron juntar el lugar de enunciación del discurso con el lugar donde pisaban.

Pisaban América y querían hablar como europeos, pensar como europeos, formar parte de la cultura europea sin mácula de americanismo alguno. Querían y creían ser europeos y transformarnos a todos nosotros en europeos. Por eso, cuando alguien tiene una propuesta diferente, como es el caso del pueblo federal, es rechazado. No puede haber compatibilidad entre la elite de la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, y me refiero tanto a la de antes como a la de ahora, y el pueblo federal, y Artigas. Entonces la lucha del pueblo federal, del pueblo artiguista, en el área que ahora nos ocupa, se podría decir en un lenguaje actual: refuncionalizar el Estado, superando las ideas del liberalismo conservador, para que se haga cargo de la educación para tod @ s. La comunidad internacional, recién a fines del siglo XX asumió esta propuesta como una obligación de todos los Estados. (UNESCO, 1990). Como cierre, quiero dar una nota anecdótica que me toca en lo personal. En la primera Constitución autonómica que se diera una provincia Argentina, el Estatuto Provisorio de La Provincia de Santa Fe, firmado por uno de los lugartenientes artiguistas de la Liga de los Pueblos Libres, gobernador de Santa Fe, el Brigadier General Estanislao López, en su Sección II: De la ciudadanía. el Art. 3°, dice: “Todo americano, es ciudadano…”documento producido en mi ciudad. (SANTA FE, 1819).

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